24 de diciembre de 2014

Los Templarios como Empresarios: Banqueros

     

    Bienvenidos iniciados, sabemos que para que una empresa funcione, debe tener una buena estructura, ideas y ganas de trabajar, el Temple utilizaría todos los recursos internos y externos a su alcance, adaptándole nuevas ideas, a una época que necesitaba cambios....




     Un grupo interno de la Orden del Temple, estudio lo que hoy llamaríamos el “Mercado”, y descubrió que para obtener beneficios había que invertir y arriesgarse, y que además de hacerlo en sus territorios, podían hacerlo traspasando las fronteras mas lejanas.

     Si miramos el mundo en el que vivían los templarios, en el S.XII, las distancias eran enormes, y el control de las transacciones casi imposibles; sin embargo, de ellos surgió la idea de expansión, a la vez que controlaron en menor o mayor medida el corazón del poder en esos momentos, es decir, financio tanto a reyes como a la propia iglesia, asegurandose las dos vías principales de conflictos.
     Crearon formidables y seguras vías de comunicación, gracias a las provincias templarías formadas en Occidente como en Oriente, dando como resultado transacciones comerciales rentables.
     En el S.XII, los valores materiales se basaban esencialmente en las tierras y edificaciones. El dinero existente era manejado solo por la nobleza y la iglesia.         El trueque, el pago en animales o cosechas era el utilizado por el pueblo llano.

     Si volvemos los pasos al momento en que Hugo de Payns y sus ocho caballeros defendían a los peregrinos, tenemos que darnos cuenta, que en el momento de aumentar el numero de Hermanos en la Orden ya fundada, los costes eran grandes, incluyendo el traslado de estos a los distintos reinos cristianos de Europa donde eran requeridos por los reyes, analizando esta situación no seria de extrañar que sacaran beneficios a través, porque no, de sus trabajos; organizados como hoy en día lo haría una multinacional, ya que se irían expandiendo con el tiempo, desde Tierra Santa por toda Europa.
    Para su creación legal necesitaban:
  • Una estructura militar que proporcionara seguridad en los camino.
  • Una estructura religiosa o eclesiástica, ya que en aquellos tiempos, sin el beneplácito de la iglesia, ninguna empresa era posible.
  • Una estructura civil, para realizar construcciones, fortificaciones, adquisición de flotas…. Todo es igual a Expansión.



     En esta época era normal que los feligreses confiaran su dinero y propiedades a iglesias y abadías, pensaban que Dios protegía esos lugares y que de algún modo esa protección les cubría también a ellos; este hecho fue utilizado por los templarios: Actuaban como “Cajas de Seguridad”, cualquier persona depositaba joyas, dinero, obras, objetos de valor..., eran guardadas y custodiadas por ellos, a cambio de una retribución acordada entre ambas partes.



    
      Era tan seguro que príncipes, nobles y reyes lo utilizaron personalmente, entre ellos Jaime I y su esposa Violante dejaron en deposito joyas en 1240; en 1212 Pedro II les deja en custodia los *cuños que se empleaban para fabricar moneda jaquense, el rey pagaba dos monedas por cada marco de plata que se fabricase. (Archivo Histórico Nacional Madrid).



Jaime I


     Los peregrinos que se dirigen a Tierra Santa, podían obtener el dinero necesario, en condición de préstamo a través de las encomiendas que tenían a lo largo de Oriente Próximo, esto les proporcionaba seguridad a la hora de viajar sin el dinero necesario para su estancia en el lugar.
     En la Edad Media el cobro de intereses estaba restringido a la comunidad judía, sin embargo, los templarios utilizaron el modo legal de “arrendamiento” por sus servicios, es decir, se pagaba una cantidad más de dinero por sus trabajos en la realización del estudio y aprobación del préstamo.

     Los inmensos recursos de la Orden, unido al hecho que estaban, en algunos lugares, exentos de pagar impuestos, permitieron la concesión de “prestamos” a nivel particular como a nivel institucional, a una escala desconocida en la época; llegaron a financiar directa e indirectamente las cruzadas, así como las necesidades de príncipes y reyes en Tierra Santa. Daban préstamos a ganaderos, agricultores, constructores…, siempre a cambio de unos intereses como hoy en día los bancos.
     En caso de ser incumplidos los pagos estimados se les mandaba una carta y se les embargaba aquello que habían colocado como aval, podía ser casa, huerto, viña… El papa Lucio III publico una bula en 1182 en la que se ordenaba a los arzobispos que procedieran con censura contra todos aquellos que negasen las devoluciones del dinero que habían recibido prestado de la Milicia del Templo (Archivo de la Corona de Aragón).


      Los reyes o incluso papas recurrieron a la Orden del Temple para pedir prestamos, en ocasiones estos prestamos no eran pagados a tiempo, en estos casos, se llegaban a acuerdos para sufragarlos; entre estos casos tenemos el de Jaime I: En 1258 renuncia a todas las demandas y derechos que tenia contra la Orden del Temple sobre los castillos de Liria, Eslida, Beyo Dain, Tales, Burriana, Ouda, Peñiscola y Tortosa; sobre los impuestos de peaje y moneda sobre Valencia, a cambio le perdonan la deuda de 1.000 marcos de plata. (Archivo Histórico Nacional Madrid).



     El papa Clemente IV pediría un prestamos a la Orden del Temple para el rey Carlos II de Sicilia, como aval empeña dos vasos de oro, plata y piedras preciosas mas el tesoro de la iglesia, sin embargo el préstamo seria concedido sin ninguna condición, como agradecimiento por una bula de 1265: “prohíbe expresamente llevar la insignia de la cruz roja a aquellos que no fuesen soldados del Temple, para evitar fraudes que se cometían, recibiendo limosnas los que no eran de aquella orden…”.
     En sus prestamos solían añadir clausulas, de manera que si la/s persona/s implicada/s no devolvían el dinero o morían antes de entregarlo, ellos no perderían la inversión; tenemos el ejemplo de un matrimonio de Zaragoza, su préstamo eran 50 maravedíes para su viaje de peregrinación al Santo Sepulcro, en su clausula, como aval dejaban su herencia, sin embargo, cuando murieran estas propiedades: casas, tierras, viñedos y huertos, pasarían a las arcas del Temple.

     Antaño las transacciones se realizaban con dinero en mano, de manera que los ganaderos, mercaderes…, llevaban una gran suma en época de mercados, ferias…. No era extraño que fueran asaltados en los caminos, así mismo, si una persona o mercancía quería llegar de manera segura a Tierra Santa o cualquier lugar de Europa (cuando se encontraba en poder de Occidente), debía pasar por los templarios, para ello crearon el “pagare” o “documento de crédito” , la manera de hacerlo era acudiendo a la encomienda mas cercana, calculaban los días que debían transcurrir en cada país, valor de la moneda de esos países y los posibles costes de alojamiento; tener en cuenta que el valor del documento era el reflejo de los bienes depositados en la encomienda; en un principio este documento reflejaba nombre de la persona, suma del dinero entregado, sello de la encomienda y firma del maestre ya que la mayoría no sabia leer ni escribir.
     Cuando comenzaron a funcionar, también comenzó el robo del documento a los mercaderes, y en un principio, podían ser cobrados sin problemas por los propios ladrones, de tal manera que crearon un código, como hoy sería el nº secreto de nuestros cajeros.
     Encriptaban unos números en el documento que debía ser memorizado por el dueño del mismo, cuando presentaba el pagaré para ser cobrado, debía decirlo, de esta manera aseguraban el pago y apresaban al ladrón.



     Llegaron a utilizar estos documentos como medio de transmitir ordenes, mensajes que ellos solo conocían, el aumento de sus servicios, les sirvió para llegar a ser de los primeros en tener noticias de otros lugares.
     Se tiene constancia incluso, del uso de “transferencias”, como es el caso de Enrique III de Inglaterra, que tendría que pagar al conde de La Marche 14.000 marcos de plata en 1224, de manera que el Temple hizo la transferencia entre la Casa de Londres y la de La Rochelle.

     Llegaban los peregrinos a tener tal confianza en la orden que en muchas ocasiones les encomendaban sus pertenencias para ser utilizadas en caso de secuestro como medio de pago del rescate, en caso de muerte del peregrino, el dinero o pertenencias se le entregaba a su/s heredero/s.

     Existía la Orden de Nuestra Señora de la Merced que se dedicaba a rescatar cautivos cristianos donde se encontrase, en ocasiones quedaban ellos en lugar del prisionero; sin embargo, no se encontraba lo suficientemente extendida para llevar esta labor a cabo; la Orden del Temple tenia Hermanos por toda la Península Ibérica, incluso en lugares despoblados, en Ultramar… tomaron este servicio a su favor. Aportando a la Orden otros ingresos como donaciones, en ocasiones simplemente como ventas simbólicas entre la persona y la Orden, como compensación por el rescate a realizar o realizado.


   







      A continuación mostramos un ejemplo de las cuentas emitidas a Blanca de Castilla por el Temple:



Ingresos:
  • Reembolso de prestamos otorgados a diversos particulares y abadías;
  • Procedentes de la explotación del dominio aduanero de la reina madre:
    - imposiciones de los prebostes,
    - imposiciones de los bailes,
    Subtotal.
    - imposiciones relativas a los particulares.
  • Ingresos procedentes de la explotación del dominio de Crépy:
    - imposición de los impuestos,
    - imposición de los bailes
    Total.
  • Una imposición del rey
    Cuenta acreedora de la reina al Temple:
    + Total de los ingresos por cuatro meses,
    - Total de los gastos por cuatro meses,
    = Total general y nuevo saldo acreedor de la reina con el Temple.
     Les templiers:étude de leurs opérations financiéres. Jules Piquet./ La Otra Historia de los Templarios. Michael Lamy.
     En la parte relacionada con los gastos, se encuentran los realizados a donaciones, prestamos, gastos del Palacio de la reina. Asimismo un listado con los deudores de la reina madre, incluso anticipos entregados a monasterios y abadías.
     Los templarios llegaban a cerrar cuentas, salvo en casos especiales, tres veces al año: en la Ascensión, en Todos los Santos y en la Candelaria.
     Dentro del Temple de París, el tesorero real, que no era mas que el tesorero del Temple, era admitido en el Consejo Real, donde se hablaba y se tomaban las decisiones relacionadas con las finanzas del reino; convirtiéndose en Oficial Regio.

     Otro de los negocios que explotarían serian los mercados, consiguieron permisos de los reyes Pedro II y Jaime I sobre el control de los mercados semanales en Barbera, Grañena, Miravet y Castellote; sobre las Ferias de ganado en Monzón y Horta, con una duración de 18-20 días.
     Sobre la ruta Zaragoza a Tortosa, les fue concedido un permiso para que trasladaran el camino de manera que pasara por sus tierras, provocando el cobro por parte de la Orden de los impuestos de peaje. En Novillas crearon una plataforma para pasar de una orilla a otra del río Ebro, transportando personas, carros…

     Dentro de las tierras que la Orden administraba, se dedicaron a labores de vigilancia, protección y seguridad de estos señores: granjeros, terratenientes, hidalgos, viudas….Entre sus trabajos se encontraban la organización de patrullas, de día y de noche de aquellas personas que contrataban sus servicios; se encargaban de vigilar las plantaciones, defensa de los labradores y obreros, defensa del señor y su familia contra robos, ataques o incursiones de los sarracenos.

     Los principios por los que se regia la administración económica de la Orden eran seriedad, disciplina y discreción; esta manera de actuar les daba una credibilidad y honestidad que les llevo a adquirir influencia política, incluso actuar como consejeros privados: Richard Hastings (maestre de Inglaterra) estuvo junto a Enrique II (1164) y Jaime I fue protegido del maestre local en el castillo de Monzón, la propia Orden actuó como consejera del monarca durante su reinado.

Bibliografía:
  • La Otra Historia de los Templarios. Michael Lamy.
  • Codex Templi. Templespaña.
  • El Legado Templario. Juan G. Atienza.
  • La Verdadera Historia de la Orden del Templo de Jerusalén. Antonio Galera Gracia.


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