Viajaremos
a tierras de Andalucía, más concretamente al interior del convento
de Santa Clara en Sevilla, donde una leyenda, o más bien podríamos
decir historia de amor prohibido rodea la denominada Torre Don
Fabrique.
Si
nos centramos en la leyenda, empezaría con el rey
santo Don Fernando III....
Tras
la muerte de su esposa Doña Beatriz de Suabia, contrajo segundas
nupcias con Doña Juana de Pontiheu, aunque había una gran
diferencia de edad, (Fernando contaba con 50 años y Juana con 17),
el matrimonio se llevó a cabo, aunque eso sí, con fines políticos,
sin olvidarnos del sobrenombre que acompañaba al rey, “el santo”.
Tras
la conquista de Sevilla, se trasladarían desde Toledo y se asentaron
en el Alcázar de Sevilla, poco años más tardes, el rey moriría,
quedando la joven Juana viuda; tal y como acompañaba la tradición
mantendría el duelo encerrada y rodeada de las murallas del Alcázar,
saliendo a pasear por los jardines tan maravillosos que aún
conserva en su interior.
A
la compañía de sus doncellas, habría que añadir su afición a la
cetrería; en uno de estos días que dedicaba su tiempo a lanzar su
halcón a la caza, sería el día que llegara al Alcázar Don
Fabrique, hijo menor de Fernando III, dedicado a la protección de
las fronteras de Granada y Málaga de los moros, se acercó a
presentar sus respetos a la reina.
Ambos
compartían su amor por la cetrería, sin embargo, el halcón de la
reina solo podía atacar las palomas que se acercaban por los
alrededores, Don Fabrique le recomendó salir a la orilla del río y
comprobar la buena caza que lo rodeaba.
Tales
salidas serían vistas como inapropiadas para una reina que debía
estar rezando por el alma de su esposo, en lugar de pasear junto a un
mozo y disfrutar de los único que le permitían (la cetrería), ya
que sus propios hijos eran educados y criados por otras personas de
la Corte.
El
tiempo pasaría y con él llego el invierno, a Don Fabrique se le
ocurrió mandar construir una torre para evitarla estar a la
intemperie y bajo los días de frío.
Tal
construcción fue definida como torre defensiva, la definición no
esta mal enfocada, sino fuera porque en el lugar de ubicación no era
necesaria, ya que solo había campo, como era de esperar no serían
pocas las habladurías de la verdadera intención de la torre, y no
tardaría en llegar la quejas al rey Don Alfonso X, su hermano mayor.
El
rey, consciente de los continuos paseos y uso de la torre, se
trasladaría con gran parte de la Corte a Toledo, de alguna manera
pretendía enfriar poniendo leguas de por medio, los ojos y lenguas
que tanto Fabrique como Juana atraían.
Sin
embargo, sería el propio pueblo quien castigara a la pareja; cada
vez que salían a pasear a través del camino que recorrían, puertas
y ventanas se iban cerrando bruscamente a su paso.
Y
el colofón final se llevaría a cabo el día del santo de la reina,
el 24 de julio de 1255, para celebrarlo organizaría una comida,
siendo invitados como era normal, figuras de la iglesia, de la
nobleza, de las ordenes militares y aquellas que tuvieran
representación en Sevilla; al parecer, el “todos a una” sería
la frase tomada para que ni una persona apareciera a tal banquete.
Tomada
la indirecta, la reina decidiría marchas junto a sus hijos hacia
Francia.
Nadie
veía con buenos ojos que una mujer pudiese amar de nuevo, y menos
una reina viuda, sin poder amar libremente y sin poder casarse con
quien amaba, embarcaría rumbo a Cádiz, eso sí, no dudaría en
mirar una última vez hacia esa torre donde una persona se despedía
de ella.
- Algo más sobre la Torre:
"Esta
torre es fabrica del magnifico Fadrique, podrá llamarse la mayor
alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata
esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si
deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y noventa y dos
(1252) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas."
Las tierras donde se ubica
la Torre, al igual que otras casas, pertenecían a Don Fabrique como
repartición tras la conquista de Sevilla.
Donadas más tarde por
Alfonso X a la Orden de Calatrava en 1269 como castigo por la
rebelión de Don Fabrique contra su propio hermano.
En 1289 serían donadas
por Sancho IV a las monjas de Santa Clara, donde construyeron un
Monasterio.
Actualmente es propiedad
del Ayuntamiento de Sevilla, el cual ha actuado en la restauración,
acondicionamiento y limpieza de gran parte del entorno de la Torre;
visitas guiadas y distintos espectáculos nos hacen disfrutar de
este lugar lleno de encanto y leyenda.
Considerada Bien de
Interés Cultural y declarada Monumento histórico-artístico.
Si queréis más
información sobre sus visitas guiadas, espectáculos..., podéis
visitar: www.onsevilla.com
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